SIDNEY: UNA PROMESA CUMPLIDA







Por Cristina Sánchez.






Cuando bajé del avión, con las piernas entumecidas tras 26 horas de viaje, una oleada de calor acudió a recibirme. No recordaba el olor a humedad del ambiente, ni como era sentir los rayos ultravioleta del sol directamente sobre tu piel. Pero ambas sensaciones, lejos de molestarme, me gustaron por su significado. Habían pasado casi 4 años desde la última vez que pise este continente, pero, por fin lograba cumplir una promesa que me hice a mí misma. 

Volvía de nuevo a Sydney y esta vez para todo un semestre.

Durante el viaje tuve mucho tiempo para reflexionar, y es que como decía mi madre me estaba empezando a hacer ya vieja. Pensé en el momento en el que se me ocurrió esta locura. Pues irte a las antípodas no es lo mismo que un Erasmus a Milán. Aquí llega Ryannair ni ninguna otra compañía low cost te ofrece un vuelo barato de vuelta a casa cada vez que tengas morriña. Sabes que nadie vendrá a visitarte en este tiempo, a no ser que por un golpe de suerte a todos tus familiares, amigos y demás gentecilla les toque la lotería. 

Dejas atrás tu fiesta de fin de carrera, te pierdes tu graduación, las defensas de los TFG de amigos. Te despides del laboratorio y matas a tus células, esas que durante meses fueron tus hijas, esas que tantos quebraderos de cabeza te dieron. Dejas tu ciudad, amigos a los que no sabes si alguna vez volverás a ver, a compañeros que, salvo un milagro, no volverán a cruzarse en tu camino. Sin embargo, lo peor de todo son esas lagrimillas que empañan la despedida, los ojos llorosos de quien menos esperabas ver antes de partir. Hasta que, tú misma te descubres pucheros. Como decía mi madre, que vieja me estoy haciendo.

Pero, al final piensas que solo son 5 meses y que todo volverá a estar tal cual lo dejaste, igual que Sydney sigue siendo la misma que 4 años atrás. Para luchar contra el jet lag el primer día decidí recorrer el centro. Me sorprendí gratamente a mí misma al darme cuenta de que todavía en mi memoria el mapa de la ciudad. Pasé por la estación central, donde todos los días me bajaba del tren para llegar a la academia, giré con destino a Hide Park, y me detuve unos instantes a contemplar la catedral. Bajé por George St, me desvié a los jardines botánicos y, finalmente, me topé con el monumento más emblemático de toda Australia. La ópera de Sydney. Recuerdo que la primera vez que pisé este continente realicé un recorrido similar pero no fue este edificio lo que llamó más poderosamente mi atención, sino un pequeño pájaro, llamado Ibis, el cual podría ser análogo a nuestras palomas en España.

En aquella época, cuando me enamoré de Sydney por primera vez, vivía a caballo entre las afueras de la ciudad donde tenía alquilada una habitación a una pareja de brasileños, y el centro. Esta vez, sin embargo, mi hogar se encontraba en un barrio completamente diferente, llamado Kensinton, que nada tenía que ver con lo anterior. Cada uno de los sectores que componen esta ciudad tiene personalidad propia, distinguiéndose del resto. Por eso siempre me ha gustado describirla como un conjunto de pequeños pueblos diferentes, con características propias que se unieron para componer el centro neurálgico más importante de Australia. 

El barrio donde se emplazaba la UNSW (universidad de Sidney) se caracterizaba por sus playas (Coogee y Bondai Beach) y por Centeniar Park. Pero quizás lo mas destacable sea el camino que separa Coogee de Bondai. 6,5 Km entre acantilados que te permiten sentir el salitre del mar en tu piel, al tiempo que contemplas las mejores vistas de la ciudad. Es un camino para perderse, para vagar junto a la costa y pararse al lado de Cliff a contemplar la fuerza del mar en un día de mareada.








 "rara avis in terris nigroque simillima cygno"

Hasta 1697, la comunidad científica europea habría asumido que todos los cisnes son blancos.

Incluso podrían haber llegado a una teoría que explicara el color de su plumaje. Sin embargo, cualquier teoría propuesta se vería refutada en 1697, cuando los primeros exploradores llegados a Australia descubrieran los primeros cisnes negros.

Quizás no parezca un acontecimiento excesivamente relevante pero dio pie al nacimiento de una teoría financiera, formulada por Nassim Nicholas Taleb, la cual anidó con fuerza en Wall Street. Desde Wall Street hasta Buenos Aires, pasando por Londres y Hong Kong, existe la creencia de que se puede predecir el futuro; que lo que va a ocurrir en el mundo se puede conocer y por lo tanto, que el riesgo puede ser medido y gestionado.

Sin embargo Taleb sostiene en su libro “el cisne negro” que la historia no está dominada por lo predecible sino por lo altamente improbable, lo disruptivo, por los eventos no previstos denominados Cisnes Negros. Un Cisne negro es un hecho fortuito de gran repercusión, que aparece por sorpresa y cuya probabilidad es imposible de calcular. Estos Cisnes Negros podrían explicar la crisis financiera global que vivimos actualmente.

Cada vez que veo un cisne negro recuerdo esta teoría, y sobre todo como un evento que, en principio era altamente improbable, puede convertirse en algo bastante común, pues, en Australia lo raro no es ver un cisne negro, sino que lo difícil sería encontrar uno blanco. 

Uno de los mejores lugares para encontrar estos exóticos animales, además de otras muchas aves, es el parque de Centeniar Park.

Centeniar Park se trata de una vasta extensión de terreno que cuenta con la friolera de 189 hectarEas. Fue construido en la época victoria que actualmente recoge una representativa muestra de la flora australiana. 

Si alguna vez viajáis a Sydney, Centeniar Park es una visita obligada. Recomiendo recorrer sus infinitos caminos, sentir el sol al sentarse junto a uno de sus lagos y contemplar la variedad de pájaros (pelicanos, cisnes, ocas, Ibis, kookaburras, etc.). Notar como, poco a poco, todos ellos se acercan a tu alrededor a curiosear, sin miedo, como si supieran que fuiste allí para verlos y se sintieran orgullosos de ellos. 

Pero su belleza no es lo único que lo hace tan especial, sino que, es su rareza lo que lo distingue del resto. Creo que puede afirmar sin equivocarme que es el parque más raro que podréis encontrar jamás; no solo porque en el merodear cisnes negros por doquier, sino también por su diseño. ¿Quién ha visto alguna vez que carreteras, de asfalto atraviesen el parque? ¿Quién podría imaginar que canchas de deportivas convivieran con zonas habilitadas para hacer barbacoas y exóticos jardines? 

Pero esto es Australia, un país donde los retretes giran al revés y las secretarias son amables y los cisnes son negros. Un país donde no hay no es sorprendente que los eventos más improbables tengan lugar. 

Bienvenidos al país donde todo es posible.


















Estaba tranquilamente en mi habitación, debatiendo conmigo misma sobre que podía hacer para matar el día, cuando, de repente, escuche la campana. ¿Había hoy alguna actividad preparada en la residencia? Qué sería?. 

Daba igual, cualquier cosa sería mejor que quedarme sola en mi pequeña morada. Así que rápidamente cogí el bolso, la crema solar (que es casi tan importante como el monedero o el móvil aquí en Australia) y bajé a ver que se cocía. Hice bien. Sorpresa. 

Barbacoa GRATIS!!!!!!!

La comitiva IH, (siglas de nuestra residencia) dirigida por los “senior” nos desplazamos colina abajo, colina arriba hasta Coogie Beach, la playa más cercana a la UNSW (siglas de nuestra universidad). En Australia es bastante común hacer barbacoas junto al mar. Las playas suelen tener una zona de hierba, antes de llegar a la orilla de arena, donde se disponen fogones públicos gratuitos, normalmente rodeados de bancos y zonas de sombra. 

Se tratan de grandes planchas de acero que se calientan con resistencias eléctricas. En el centro cuentan con una especie de mini sumidero para que toda la porquería y aceites se recojan en un colector. Tú solo tienes que poner la comida, y Australia pone la electricidad. Lo primero que tienes que hacer, y más importante es encender la barbacoa, posteriormente colocas un trozo de papel (albal mismamente) que no se queme y permita el traspaso de calor. Lo rocías con un spray especial de barbacoas (aceite en spray), sitúas los alimentos y esperas a que se cocinen. Sencillo, sano, fácil y divertido. La verdad es que no hay nada mejor para socializar que una barbacoa australiana, las cuales suelen ir acompañadas de música, y deporte para bajarla (como el fútbol o el frisbee).

Una vez acabada a comida, tras reposar a la sombra, los buenos australianos recogen, reciclan, limpian la barbacoa, etc. En definitiva lo dejan todo tal y como lo encontraron.
Esto me hace pensar en qué pasaría si tuviéramos este invento en España. En primer lugar, no serían gratis, por supuesto, sino que tendrían ranuritas para que introdujeras las monedas. 15 minutos 1€ y, si te quedas sin monedas, mala suerte, comes crudo. Luego, dudo que estuvieran limpias, o que no hubiera un vertedero de basura junto a las mismas, si bien los graciosos de turno no acababan por destrozarlas.

Pero esto es Australia, y estas cosas funcionan.

Tampoco idealicemos a los australianos que hay cada uno que tiene menos luces que un barco pirata. Por ejemplo, hoy estaba yo terminando de limpiar la barbacoa cuando se me acerca el típico australiano, surfero, alto, rubio y…. muy tonto. Me pregunta si puede emplear la barbacoa a lo que, encantada contesto que por supuesto (así me ahorraba terminar de sacarle brillo). El chico saca su papel albal, lo coloca sobre la plancha de acero y deposita unas cosas muy raras, con una pinta no muy agradable, que aun me pregunto que eran. 

¿Pasteles de verduras? ¿pan de higos? ¿bolas de carne? ¿Un remix de todo? Ni idea. Bueno colocada la comida se va, si al poco tiempo vuelve. La mira con cara de asombro. En un inglés muy cordial, yo que aún seguía allí intentando descubrir que comistrajo era esa, le digo que si quiere cocinarlo primero hay que encender la barbacoa. En ese momento me pregunta, pero, ¿no esta encendida? Obviamente, no. No tengo por costumbre limpiar barbacoas mientras están calientes, no me gusta quemarme los dedos, gracias.

En fin, es rubio, pienso, Cris ten paciencia. Le explico que, cuando la barbacoa está caliente, el botón de encender está verde. Sino es trasparente. Aguantando la sonrisa le doy al “on” y me voy a sentar a la sombra para ver el desenlace de la historia.

Al lumbreras australiano no se le ocurrió que había que echarle aceite o algún tipo de sulfactante para evitar que la comida se pegara al albal. Total que teníais que verle yendo y viniendo cada 2 minutos para intentar levantar y mover sus cosas esas, evitando que se le quedaran completamente adheridas al papel.

Mi compañera de Sri Lanka y yo no podríamos contener más risa cuando se acerca otro miembro de la IH (nuestra residencia) con cara de asombro a preguntarnos que es esa cosa que están cocinando. No contento solo con eso, nos incita a preguntarle al australiano para que de paso, liguemos. Vamos, llego a ir yo a decirle que es eso que come y me lo planta de sombrero.

De esta historia podemos extraer varias conclusiones. Quizás la más importante sea que, gente no muy espabilada hay en todos lados y afortunadamente no solo se concentran en el gobierno español.




Sydney es una de las mejores ciudades del mundo para vivir en cuanto a calidad de vida se refiere, tan solo superada por su vecina Melbourne (aunque yo sinceramente discrepo en ello). Sin embargo también ostenta una de las primeras posiciones en el ranking de las ciudades más caras.

Como mucha gente sabe, Sídney fue fundada como una colonia inglesa donde enviar el excedente de presos que abarrotaba las cárceles británicas. Sin embargo, el posterior descubrimiento de oro en la zona atrajo la atención de comerciantes y hombres de negocios. Sídney dejaría entonces de ser una ciudad de presos, los cuales fueron confinados en cárceles, para transformarse en un paraíso de ricos. Precisamente esa fiebre del oro es lo que todavía corre por las venas de los australianos. Tanto es así que uno de los lemas fundamentales de Australia podría resumirse en “Todo extranjero es bienvenido, siempre y cuando tenga dinero”.

Pero, ¿qué es un extranjero en Sídney? o mejor dicho ¿qué es un auténtico australiano? ¿Alguien ha visto alguno?


Cuando pensamos en australianos nos acordamos de Cocodrilo Dandi, ese hombre de tez blanca que siempre lucía sombrero hecho de piel de caimán. Pero ¿es cierto esto? 

Si nos remontamos a la historia de Australia los verdaderos australianos serían los aborígenes, los cuales apenas representan un 1,5% de la población total. Quizás por eso podemos considerar como reales australianos a todos aquellos británicos que durante el siglo XIX conquistaron estas tierras. Son personajes curiosos, y tampoco penséis que son tan fáciles de encontrar. Tienen los típicos rasgos ingleses, como ojos y pelo claro, pero misteriosamente han adquirido la capacidad de broncearse. No son como los guiris de Benidorm sino que el agujero de la capa de ozono les ha hecho mutar y ahora son capaces de lucir un saludable tono dorado.

Sin embargo, lo que más abundan son asiáticos venidos de todos los países próximos (China, Japón, Malasia, Sri Lanka, etc). Esto es debido a que tras la segunda guerra mundial (en la cual Australia también participó lucha do en el bando de los aliados), el gobierno australiano lanzó un programa multicultural de inmigración a gran escala. 

En consecuencia la población de Sidney sufrió una gran explosión. Se crearon nuevas industrias, se mejoró la educación y los servicios financieros y la economía sufrió un notable impulso. Todo ello ocurrió a partir de los años 50. 

Y ...¿qué supone esto? 

Supone que actualmente un gran porcentaje de los australianos son descendientes  cercanos de emigrantes sobre todo asiáticos, los cuales siguen conservando todos los rasgos de esta población y muchos de ellos guardan sus costumbres. Por ejemplo, el año nuevo chino se celebra en Sidney siendo una de las fiestas más importantes de la ciudad.

En definitiva, Sidney es una mezcla de culturas. 

Esto se ve sobre todo en los restaurantes y la comida. Cuando visitas un país la gente, sobre todo si son mayores, al volver te pregunta y allí, ¿qué se come? A mi me lo preguntaron y realmente no supe encontrar una respuesta. 

¿Qué es típico de Australia? 

A ver, a ver. ¿Qué comí allí? 

Los noodles.           Ahh no que eso es chino. 

El sushi.                Ahh no que viene de Japón. 

¿El brunch?          No que es americano. 

El arroz con pollo y curri.      No que es de Sr. Lanka o India.


Vale, ya lo tengo.      El canguro, bueno, tampoco es que se cocine mucho. Porque sí venden canguro en el supermercado y la gente lo come, aunque es más habitual emplear ternera, la cual es de excelente calidad.

Al final llegue a la conclusión de que lo único típico de este país es una sustancia marrón de aspecto repulsivo y sabor aún más vomitivo llamado Vegemite. 

Se trata de un extracto de levadura muy popular en Australia y Nueva Zelanda. Según los propios Australianos solo un Australiano puede comerlo. Yo creo que es la prueba de fuego para darte la nacionalidad. Si consigues tomarte una tostada de esa cosa automáticamente te hacen ciudadano australiano. 

Me han dicho que el truco para poderlo tragar es poner muy poco en las tostadas. Yo me sigo preguntando que si está mejor cuando pones poco que mucho, no será porque la cosa esa esta asquerosa y lo mejor es no poner nada.   Pero ojito con meterse con su creación, eso es una blasfemia para una cosa propia que tienen. 

Y ¿Cómo se come el vegemite? 

Como he adelantado antes la forma más común es untarlo en una tostada con mantequilla. Sin embargo, los más atrevidos lo emplean para cocinar, sirviéndose como salsa de pastas, carne, y cualquier otra cosa que os podáis imaginar. Y ahora han hecho algo todavía peor. Han creado una bebida basada en Vegemite (yo no me atrevo a probarla).

Pero yo me negaba a admitir que lo único típico y propio de los australianos fuera algo tan vomitivo. Así que decidí preguntar a un australiano de pura cepa, de esos ingleses bronceados, para preguntarle por un plato típico australianos que no llevara Vegemite. Me dieron ganas de soltarle la típica frase de mi abuela “oye majo pero aquí que se come”. Pero me contuve. En definitiva la respuesta fue un poco decepcionante a la vez de clarificadora. Barbacoas.

Y puedes pensar ¿barbacoas? 

Eso hay en todo el mundo. Si, pero no tantas como aquí. Mira que en España nos gustan, pero aquí tienen pasión por ella. Cumpleaños, reuniones de amigos, inicio o final del curso, promociones (si, si aquí cuando promocionan algo, véase una cuenta de ahorros en al commonweath, cursos de windsurf, cualquier cosa, te invitan a una gratis) etc. Cualquier momento es bueno. Es tal su amor por ellas que en todas las playas y parques existen barbacoas eléctricas para que la gente pueda ir de picnic. 

Y es que estos australianos están muy avanzados. Han dejado de lado la leña y el carbón, ellos no pierden el tiempo encendiendo el fuego. No. Aquí las barbacoas consisten en planchas de metal que se calientan con unas resistencias por debajo. Aunque se puede cocinar de todo en ellas, ganan por goleada las salchichas seguidas de las hamburguesas. Ambas cuentan incluso con sus variantes vegetarianas.

Otra cosa que la gente, después de usarlas, las limpia. Increíble pero cierto. En realidad en general los australianos son bastante respetuosos tanto con el medio ambiente como con la ciudad. Quizás es por los elevados impuestos que pagan (aun así en el caso de los impuestos indirectos son inferiores a los de España) o porque, todavía considerándose extranjeros, sienten la necesidad de cuidar la ciudad que les ha acogido.

Esto me hace reflexionar si realmente existe una conciencia de grupo, un sentimiento de país, algún movimiento nacionalista. Sinceramente yo creo que no. Quizás podamos encontrarlo en los descendientes de aquellos primeros colonos que llegaron a la isla, sin embargo, la mayor parte de los ciudadanos australianos apenas lleva unas pocas generaciones asentados aquí, y en mi opinión parece que todavía no hayan tenido tiempo de desarrollar una conciencia de grupo. 

Lo que si existen con pequeñas rivalidades entre ciudades, especialmente entre Melbourne y Sídney; y con otros países como Nueva Zelanda. Hay una historia curiosa entorno a esto relacionado con la creación de la capital de Australia. 

La capital de Australia es una ciudad, bastante anodina, llamada Camberra. No se trata de la ciudad más famosa, ni de la más importante, ni de la más antigua. Entonces, ¿por qué es la capital? Buena pregunta. Cuando Australia se independiza de los colonos ingleses necesita una capital. Por aquel entonces las dos ciudades más importantes eran Melbourne y Sídney y el gobierno debatía sobre cuál de ambas dos era la más idónea para dicho cometido. No pudiendo llegar a un acuerdo, decidieron tomar una solución salomónica. Se construiría una ciudad a mitad de camino de ambas, Camberra, la cual sería la capital australiana. Como curiosidad hay que decir que, durante el tiempo que llevó la construcción de Camberra, la capital se situó en Melbourne (nadie sabe muy bien por qué).

Bueno, pero algo tendrán que tener en común todos estos miembros que componen la población australiana. Si, dos cosas: son amantes del deporte y de lo gratis.

A los australianos les encanta hacer deporte. Salir a correr, nadar, bucear. Cualquier cosa es buena salvo el estar quieto. Además están bastante preocupados con su salud, con el tema de estar en forma, comer adecuadamente, etc. Una de las cosas buenas de la ciudad a este respecto es que cuenta con muchas áreas verdes. Sus parques parecen bosques, las playas están conectadas por senderos que discurren junto a los acantilados, y las canchas de tenis, voleibol, rugby y fútbol no son difíciles de encontrar. Organizan triatlones y la gente va andando en lugar de emplear el transporte público (siembre y cuando esto es posible claro). Solo tiene un impedimento, las cuestas que dominan la ciudad; pero esto no parece importarle mucho a los australianos.

Por otro lado, existen muchas actividades gratuitas, algunas relacionadas con el deporte (como clases de promoción de diversos deportes, festivales del deporte, clases gratis, etc), asi como con otras actividades lúdicas. Muchos bares para promocionarse realizan fiestas en las que no cobran entradas, actividades como clases de cócteles, cata de vino o cervezas. Y para los investigadores de la UNSW, cada 15 días se organizan charlas seguidas de una happy hour donde puedes disfrutar de tu cerveza for free al tiempo que haces net-working. 

Hay muchísimos eventos al aire libre a los que asistir sin necesidad de entrada (Mardi Gras, año nuevo chino, etc), festivales, y otras muchas cosas que iré descubriendo sobre la marcha. La mejor forma de estar informado sobre lo que se cuece aquí es la página web http://www.sydney.com/events/march.

 Así que si bien es cierto que Sídney es cara, se pueden realizar infinitas actividades de coste nulo o muy bajo. También suele haber bastantes promociones (tickets para la ópera baratos, descuentos en el club de submarinismo, promociones para grupos, etc). También existen múltiples clubs a los que unirte (muchas veces de manera gratuita) para no perderte ninguna actividad interesante

Junto con la cantidad de actividades que ofrece Sídney, otra de las cosas que más me sorprendió al llegar aquí fue la biodiversidad. No hablo solo de la cantidad de especies diferentes que se pueden encontrar sino de lo diferentes que son. Hasta las gaviotas graznan de otra forma. Porque irse a las antípodas es lo bueno que tiene, que todo es radicalmente distinto a lo que puedes encontrar en tu país, árboles y animales incluidos. 

Recuerdo que la primera vez que estuve en Sídney, al poco de aterrizar, un pajarraco gordo y tonto se cruzó en mi camino. Era la primera vez que veía tal cosa, así que como buena turista me dispuse a sacar la cámara para inmortalizarlo. Lo perseguí por medio parque en busca de la instantánea perfecta. Mi cara debía de ser digna de ver, como la de un niño pequeño cuando descubre algo por primera vez, esa era yo. Pensaba que aquella ave era algo super raro y me sentía tan afortunada de poder verla. Pocos días después descubrí que nada más lejos de la realidad pues, el susodicho pájaro puede encontrarse por doquier, al igual que los cisnes negros y los pelícanos.

Cuando he empezado a hablar de animales seguro que os habéis preguntado ¿realmente hay canguros? ¿Y koalas? 

Bueno he de decir que en la ciudad no se pueden ver, pero, si viajas por la carretera no es difícil que un canguro la cruce o que veas árboles repletos esas bolitas de pelo durmientes llamadas koalas. Muchas veces pienso que en Australia están los animales más peligrosos del mundo pero también los más tontos. Vease los koalas. Ese bicho debería haberse extinto hace años. Solo come, duerme, y, duerme mientras come. Tiene el metabolismo muuuuuuy leeeeeento. Ni siquiera alcanzo a imaginar cómo es capaz de reproducirse. Ufff tamaña hazaña supone mucho esfuerzo. Y lo peor de todo es que tiene depredadores. Los Dingos y las rapaces. Pero, ¿Por qué no han acabado con la población de koalas? ¿Son acaso más tontos? O realmente ha llegado a establecerse un equilibrio depredador-presa. Además, hace algunos años los koalas se cazaban por su piel, sin embargo, actualmente se han convertido en un símbolo nacional siendo ilegal esta práctica. Tan preocupados están los australianos por mantener vivos a los koalas que recientemente han terminado de secuenciar su genoma. ¿Con qué propósito? Descubrir los genes que les inducen a padecer un determinado tipo de cáncer, y, asegurar que las poblaciones están “genéticamente sanas” (no se producen eventos de deriva genética, etc)

Por otro lado, la vegetación también es completamente diferente. Hay veces que podemos encontrar especies que nos quieren recordar a las que hay en España peor que al mismo tiempo tienen características distintas. Incluso el olor es diferente. Esto llama especialmente la atención cuando vas al mar. Todos tenemos el recuerdo del típico aroma a salitre. Aquí también huele a sal, pero la combinación con el aroma de las plantas de la orilla y probablemente las bacterias de la costa, hace que sea completamente distinto.


Esta es Australia, un país enorme, desconocido y muy muy muy diferente a cualquier cosa que podamos imaginar.


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