RUTA 17: MONASTERIO DE BONAVAL - HOZ DEL JARAMA - SACEDONCILLO.



A veces se tiene la sensación al visitar un lugar que es tan maravillosamente irreal que parece fantasía













Contra lo que la mayoría puede pensar, el río Jarama nace y crece en la provincia de Guadalajara. 

Bajo la Peña Cebollera o también llamado Pico de las Tres Provincias la nieve se funde para fluir rozando la provincia de Madrid. Sus aguas limpias y transparentes atraviesan el hayedo más meridional de Europa.

En un claro entre la arboleda, con los muros cubiertos de enredaderas, el arcaico Monasterio de Bonaval tiene un aspecto melancólicamente romántico.

La iglesia de poderosos muros y algún que otro inconexo resto esparcido entre los zarzales, es todo lo que queda. El templo aún no ha perdido sus antiguas hechuras. Tres estilizadas y robustas naves de un estilo románico tardío.    La bóveda del altar mayor es la que mejor conservada está. En un muro lateral se abre un agujero que da acceso a la pequeña escalera de caracol que subía a la espadaña. En el mismo muro y por el exterior, se conserva un reloj de sol lisiado de su gnomon y alguna ventana con partes de la celosía original.















Las uñas de una gran zarpa árbolea atrapan las piedras del monasterio, remueven sus cimientos, agitan sus paredes y trepan por sus techos. Pocas son las piedras que resisten, muchos de sus muros perdieron ya la batalla del tiempo.





Esta fotografia esta tomada de  “Foto de Guadalajara España”
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Los monjes paseaban junto a la ribera de chopos y álamos hasta alcanzar una curva en forma de hoz.








No sabríamos decir qué impone más: los paredones de un centenar de metros cayendo a plomo sobre el río; o la angosta vereda, trazada a media altura en la escarpada umbría donde, a pesar de la pendiente, medra un espeso quejigal salpicado de enebros y arces de Montpellier. Mirar abajo impone y la senda no te facilita la labor, numerosas trampas te ponen a prueba en el arte de conducir.








Rebasado el trecho más acantilado de la hoz, la senda rodea una amplia pradera, respiramos, parece que ha pasado lo peor  pero embocamos en una nueva angostura, ésta de menor profundidad, pero donde el camino se reduce a una cornisa tallada en la roca viva, con un par de pasos en los que no sería razonable ponerse a bailar. Aguas abajo, veremos una gruta bostezando a la orilla de un olivo.














La ultima guerra civil española se cebó fuerte en esta zona. Un pueblo abandonado se atraviesa en nuestro sendero, Sacedoncillo se sitúa en un claro junto a un arroyo que desemboca en el río Sorbe a pocos kilómetros de la aldea. Los edificios que se conservan se encuentran todos semi derruidos. Fue destruido en la  guerra civil  cuando quedó en la línea del duro frente del Jarama y Guadalajara y no volvió a ser habitado.

Un agua fría y cristalina brota de un curioso caño: en una fuente casi tapada por las zarzas el agua nace de un obús de la guerra civil. 























Para finalizar buscamos una poza aislada en el río donde zambullirnos y limpiarnos las heridas de la batalla, las rodillas por no ceder el paso a una roca, los mordiscos de las zarzas, y el polvo de las sendas. Por supuesto con el vestido que a Adan le regaló Eva.











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