El PEQUEÑO TRENECITO DE ARTOUSTE












Suena un silbato y la maquina de “Le Petit Train” comienza a traquetear. Nos esperan 50 minutos de trepidante viaje en un paraje de ensueño.

Cuando se apagan los ecos producidos por el bullicio de los esquiadores, la pequeña maquina y sus coquetos vagones recorren los valles del pirineo francés, a más de dos mil metros de altitud, desde la estación de ski hasta el lago de Artouste.

La pequeña línea ferroviaria, casi un tren de juguete, 50 centímetros de ancho de vía, tiene uno de los itinerarios turísticos más elevados de Europa y ofrece en sus diez kilómetros de recorrido, impresionantes panorámicas de la cordillera pirineaica francesa.










La serpiente zigzagueante del antiguo tren minero se abre paso al mismo borde de la cima, en un discurrir de vértigo, con los vagones a punto de despeñarse al vacío, pero aferrados al camino de hierro como si estuvieran claveteados sobre las vías.

El tren comienza a vibrar y poco a poco la locomotora empieza a ganar velocidad, encaminándose al túnel d´Ours, donde la oscuridad y el ruido de la propulsora se convierten en los grandes protagonistas. El túnel tiene una longitud de 314 metros y se construyó teniendo en cuenta las dimensiones exactas de la pequeña locomotora.









Un contraste de colores nos sorprende en su boca. Al otro lado del túnel se encuentra el valle de Soussuéou. Con las cumbres cubiertas parcialmente por las nieves, se abre ante los ojos del curioso viajero un paraje en el que conviven las altas montañas con los impresionantes amontonamientos de rocas y bloques de granito salpicados de líquenes verdes y lagos de gran altitud encajados entre las cumbres, donde el gris envuelve los picos, el verde oscuro y el beige los bosques y el azul intenso, el cielo y los lagos…

A nuestro alrededor cumbres que sobrepasan los 2.000 metros, como el pico de La Sagette (2.031 m), el Pic Palas (2.975 m), el Pic du Midi d´Ossau (2.884 m) o Balaitous (3.144 m).












Fue en 1924, cuando las búsquedas de nuevas fuentes energéticas motivó a la “Compagnie  de Chemin de Fer de Midi” a ponerse en marcha y construir un embalse en el corazón del Pirineo occidental francés, que pudiera facilitar, al mismo tiempo la creación de reservas de agua y las canalizaciones que comunicaran los lagos a gran altitud con las centrales eléctricas del Valle d´Ossau.  El plan concebido planteaba desde su inicio la puesta en funcionamiento de un trazado férreo que permitiera trasladar a hombres, material, combustibles y víveres necesarios para la gigantesca obra del levantamiento de la presa sobre el lago de Artouste.


Durante ocho largos años, miles de hombres trabajaron a las órdenes de experimentados expertos en ingeniería en este ambicioso proyecto de la construcción de la presa y de sus canales subterráneos. Los equipos salvaban el desnivel del valle con el teleférico puesto a su disposición, aunque para llegar a la obra aún deberían ascender en un pequeño tren hasta los 2.000 metros de altitud.












Una vez finalizadas las obras, la montaña ofrecía un espacio ideal para el turismo de montaña que ya comenzaba a tener sus adeptos en aquella época. La Compagnie des Chemins de Fer du Midi decidió completar el trazado de la línea ferroviaria, lo que favoreció el desarrollo turístico de la zona que, se vio notablemente fortalecido, con la construcción en 1966 de la estación de esquí. En 1984 el teleférico fue sustituido por un telecabina. 

Solo dos trenes en Europa ( el Tramway du Montblanc en Francia,  a 2380 metros, y en Suiza, el Jungfraujoch que sube hasta los 3454 metros) superan en altitud a esta pequeña línea férrea por donde discurre el tren que, por su aspecto, puede confundirse con un juguete, pero que tiene sus estaciones, cruces y centro de regulación.
A lo largo del día, llegan a circular hasta 10 convoyes que, a una velocidad de 15 kilómetros por hora, recorren los diez kilómetros del trayecto.





Aunque en invierno el tren duerme, en el centro de la montaña los operarios siguen circulando, coincidiendo con la línea del tren, en una de las múltiples galerías que excavaron hacia 1920  para conducir el agua de los lagos de altitud a las centrales hidroeléctricas. Un equipo de especialistas se ocupa, además, de la conservación de la vía, del tren, de los diversos materiales de montaña, de la seguridad y del funcionamiento de la línea. Con sus 13 locomotoras y sus 55 coches abiertos que transportan cerca de 150.000 pasajeros cada año, el pequeño tren de Artouste, se ha convertido en un atractivo turístico destacado de la región.


Anteriormente el viajero ha tenido que ascender desde el lago de Fabreges en un telecabina que le lleva a la estación de tren y una cafetería con un excelente mirador. Durante el trayecto, que dura aproximadamente 10 minutos, se descubre una magnifica e increíble panorámica que va preparando al viajero para imaginar lo que le espera: un soberbio panorama del valle de Brousset, el lago de Fabreges, las arboladas laderas de las montañas y la impresionante mole del Pic du Midi d´Ossau.










A mitad de camino el tren realiza una breve parada, para resignado, dejar paso a su homologo que realiza el viaje de regreso. Una vez realizado el cambio de agujas los pequeños vagones continúan la marcha, zigzaguean siguiendo el trazado que se desliza por la estrecha y elevada vía que discurre por la ladera de la montaña del valle glaciar.














Los caminos que se divisan al fondo del valle, a cientos de metros en picado, se parecen más a pequeños cordones o hilos, y las vacas, que pacen placenteramente en los prados del valle, poco más que un punto en la lejanía. 

La hora que dura el viaje pasa rápidamente para los viajeros que estan absortos contemplando las panorámicas de los picos que se divisan, observando todo con atención para no perder la ocasión de avistar algún sarrio despistado, las marmotas que acuden silbando al paso del tren cual si saludaran a los pasajeros, o contemplar las abruptas paredes, roquedades y escarpaduras profundas, que ponen un atractivo complemento al trayecto.


















Al llegar al final del itinerario, el viajero tendrá 1 hora y 20 minutos para disfrutar del magnifico paisaje o bien caminar por un sendero de fácil acceso durante un cuarto de hora hasta llegar al Lago de Artouste, donde se encontrará con sus tranquilas y cristalinas aguas. Aquí sentirá la sensación de respirar aire puro, la paz del entorno, su armonía y podrá relajarse disfrutando de su luz extraordinaria. 





























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