SYDNEY ( AUSTRALIA )






EN EL AEROPUERTO: EL CONTROL DE ADUANAS


Hoy entendí por qué los billetes de avión a Sydney fueron tan relativamente baratos. Por fin comprendí por qué la gente no quiere viajar hasta aquí, con lo bonito que parece en las fotos.



Es que, 28 horas de viaje, a las que hay que sumar las 3 de Zaragoza a Madrid, no están hechas para aficionados. Solo cuatro locos nos hemos atrevido hoy a emprender esta aventura. Si, os lo confirmo, muy bien de la cabeza para meterme en semejante fregado no estoy, pero otra cosas os digo, llevo solo unas horas aquí y ya os puedo garantizar que merece la pena.



Si es que, el primer avión lo coges con muchas ganas. Empiezas viaje, dejas en Barajas a los pelmitas que te acompañan y que se mueren de ganas por ir contigo, y como en todas las aventuras, la ilusión calla a esa vocecilla que de lejos te dice: ya veras cuando lleves diez horas más, te vas a arrepentir...



El primer avión es un Boeing de la segunda guerra mundial, pues para ir de España a Bruselas, tampoco se necesita mucho. Que puede pasar, que des unos saltitos en tu asiento por las turbulencias. Mejor, más emoción, la gente paga por eso en las atracciones de feria.



Entre unos cuantos sube y baja, con el estómago ya hecho un nudo, por fin el piloto en prácticas aterriza en la capital belga entre aplausos de alivio de la multitud.



Y tu, en ese momento, ves como la mayoría se dirige a coger sus maletas, mientras que tu camino no ha hecho más que empezar. Buenos unos paseitos para estirar las piernas (porque a estas alturas piensas que llevas bastante camino hecho, cuando en realidad no has salido apenas de casa), y de nuevo a la puerta de embarque.



Esta vez, nos esperaban seis horas hasta Abu Dhabi. Si ya muchas veces viajar hasta los países nórdicos se te hace largo, imaginaos si a eso le sumas las dos horas fase de antes. Aquí empiezas la segunda fase. Dormidito de culo. Pasas de no saber como ponerte, de revolverte como un garbanzo en la boca de un viejo para poder encontrar esa posturita que te permite echar una cabezada, a dejarlo por imposible.




Una cosa hay que admitirla, los árabes, aunque no sepas que comida te dan (si desayudo, almuerzo, merienda o cena), está en mi lista como la segunda mejor (nadie puede competir con la comida de Iberia de primera).

Así que, cuando llegas a la escala de Abu Dhabi celebras que ya solo queda una, cuando en realidad te vas a pegar otro viaje de 13 horas.

En este entramos en la tercera fase: isquemia. Recuerdan eso que decía Rambo, la famosa frase de ¡¡¡NO SIENTO LAS PIERNAS!!! Bueno, ahora se hace extensible al culo, los piernas, y en general el cuerpo entero. Ya no sientes ni frío ni calor. No tienes dolor, ni cansancio. Entras en una fase extraña donde solo piensas, o se acaba esto o me tiro del avión, abro la puerta y me lanzo en paracaídas.

Afortunadamente para entonces, la vocecilla del piloto sonó anunciando el aterrizaje. AL FIN!!!!
Pero, todavía no ha terminado tu horror, no, queda lo mejor, pescar la maleta (si llega intacta) y pasar la aduana. Que muchos pensareis que chorrada, pasar la aduana, comparado con la caza de maletas eso no es nada.
Si esta frase ha pasado por vuestra mente, es que no habéis viajado a Sydney. Deseareis que hubieran perdido vuestra maleta para no tener que pasar por este trago.



Porque, en la mayoría de los países, tu vas con tu papelito de inmigración, ese que rellenaste en el avión diciendo que no matarás al presidente, que no llevas comida, ni más de no se cuantos miles de euros y que no tienes medicamentos (aunque lleves un saco de ibuprofeno y pastillas del colesterol). Y ya está, tu se lo entregas al poli, te pregunta tus intenciones (a lo que siempre respondes turismo, vayas a hacer lo que vayas a hacer) y alegremente entras en el país.  Y luego tras cazar la maleta pasas por la puertecita de nada que declarar (lleves lo que lleves en el equipaje) y nadie te dice nada ¿O no?


Pues no, señores no, en Australia no es tan fácil. Una vez pescada la maleta (que se recoge antes de inmigración). Tu vas alegremente con tu maleta (porque la tienes que pescar antes) y de repente te encuentras una cola más larga que la del Dragón Kan. Allí un poli (bastante simpático) te mira tu tarjetita de inmigración (yo en vuestro lugar no mentiría en esta ocasión) y te pregunta:
- llevas comida?
- Si, bueno quizás
- Que llevas?
- Jamón?
- Y tienes medicamentos
- Si
- Y zapatos usados? NO mientas
- Si- Aquí ya tu estás asustado no, lo siguiente. Piensas con todo lo que he declarado este tío me habré la maleta fijo. Y a ti que te la abran te da igual, lo que te angustia es que luego no te ayuden a cerrarla, porque a ver que le dices al guardia una vez que te la haya desordenado. Muy bien, ahora majo ponlo todo dentro y siéntate encima para que cierre. Somos españoles pero no tenemos valor suficiente.

Así que tras la declaración te ponen un sellito en la tarjetita y un numerito. Y tu piensas, buag me toca abrirla fijo.
Bueno, pues con este animo llegas al final de la fila donde una poli te mandan pasar por una de las tres  (tipo concurso de televisión, a ver en cual encuentras el premio de abrir semejante bicho que llevas por equipaje). Pasada la puerta, otra fila, donde te vuelven a chequear el numerito que te puso el primer guardia y, te pregunta otro:

- ¿Qué medicamentos o drogas llevas?

- Pues, ¿ibuprofeno?, es para el dolor, la cabeza, sabes (y tu rezas porque sepa que es el ibuprofeno, que sino hay que explicar que es un antiinflamatorio y calmante en inglés).

-Ok, segundo stop. Y es que pasado el guardia hay varios cartelitos de stop, detrás de cada uno de ellos, un premio diferente. Puede ser una maquina de rayos X, el perro policía, o lo que da más miedo, la mesa de registros. Te paras ante ella. El corazón se te va a salir. Ya piensas como puedes pedir al guardia que se siente sobre la maleta para cerrarla en inglés.

Llega otra poli.

- ¿Qué comida llevas? ¿Plantas, semillas?

-       NO dry ham, dry ham.

 La mujer te mira, a ti y a la maleta y te lee la mente. Si abro ese maletón no lo cierro.

-Ok. Pasa al siguiente stop.

Y por fin respiras aliviado. En el siguiente paso, solo hay un perro policía que te olisquea la bolsa un poco y te deja ir, libre, entrar en el país, a ti, tu jamón, tu ibuprofeno y tus zapatos usados.

Bienvenidos a Australia.



Día 1: Escrito por Cristina Sánchez


EL JET LANG, ESE…

6:45 am.
La cabeza te da vueltas. Sientes un frío generalizado. Las piernas apenas te sujetan, tiemblan. Tienes malestar general, poco apetito y ganas de no hacer nada, salvo seguir durmiendo.

No, aunque lo parezca, no saliste ayer de juerga, solo... pasaste 28 horas en un avión y cruzaste 8 husos horarios diferentes. Nada, lo normal.
Pero para el aliviar el cansancio, lo mejor es despertarse, darse una duchita con el fresquito mañanero (porque qué frío hace aquí en las casas por la mañana y la noche) y salir a tus clases matutinas.

Una las razones por las que elegí Sydney, aunque uno figuraba entre las principales, era que no esperaba encontrar muchos españoles, y menos en esta época del año. Pues bien, como dice el refrán: Dios los cría y ellos se juntan. Españoles por el mundo no miente. Somos una plaga. Y si, no tardé ni 24 h en juntarme con más becarios MEC.

Diréis, bueno, eso no tiene nada de malo. Los alemanes van a otro país a aprender inglés, se juntan con alemanes y hablan en inglés. Lo mismo hacen los japoneses, o los chinos. Pero ¿realmente habéis visto a un grupo de españoles hablando entre ellos en inglés?

Venga, no mintáis, eso es como las meigas o los gamusinos. No existe.

Así que, dada nuestra facilidad para agruparnos, hoy, nos juntamos los españoles, hablamos en español, pero eso si, fuimos a ver algo de la ciudad.

SYDNEY: PRIMERA TOMA DE CONTACTO

Cuando una persona piensa en Sydney, en su cabeza, de manera inmediata aparece la imagen de la ópera junto al Harbour Bridge. Por eso, que mejor toma de contacto que visitar estos edificios tan emblemáticos. Ambos se localizan junto al mar, y se puede ir dando un agradable paseo desde el centro.



Si no os importa andar, os recomiendo caminar por George Street, Pitt Street, o Macquarie street, especialmente esta última. Todas ellas son paralelas entre si y os llegarán a vuestro destino.


Lo primero que veréis conforme os vayáis aproximando es el Habour Bridge. Este puente se terminó de construir en enero de 1932 (ocho años después del inicio de sus obras) y su principal misión es conectar el centro de la ciudad (y de los negocios) con la parte norte que queda al otro lado de la bahía (barrio residencial).

Es conocido por haber sido durante bastantes años el puente de un solo arco más largo del mundo.



Junto a esta construcción encontramos el emblema por el cual es conocida la ciudad: La Opera House.

Para describirla, permítanme citar las palabras del famoso arquitecto Louis Kahn "The sun did not know how beautiful its light was until it was reflected off this building" ("El Sol no sabe lo bonita que es su luz hasta que no se refleja en este edificio).

Y es verdad, porque los atardeceres el ópera tienen una magia especial. Pero para poder comprender mejor la obra, primero debemos conocer un poco más al arquitecto que se atrevió a diseñarla.



Utzon fue un arquitecto danés nacido a principio de los años 20 en Copenhague, durante el periodo de entreguerras. Durante la segunda guerra mundial se convirtió en el aprendiz del arquitecto sueco Gunnar Asplund (conocido por el estilo neoclásico de sus edificios). Finalizado este periodo, se dedicó a viajar por toda Europa, recogiendo influencias de distintos países y personajes. Todo ello, se juntaría en su mente, dando forma a un estilo nuevo, propio y característico.

En 1957, este hombrecillo ganó un concurso en Australia para diseñar un nuevo edificio donde albergar la ópera de Sydney. Debía ser algo impactante y armonioso a la vez que funcional y lógico. Pero ¿cómo podía combinar todo estos adjetivos en un solo edificio, y, darles, además un sentido único, un toque especial?

Pues como en muchas otras ocasiones, la naturaleza tenía la solución. Utzon se inspiró en los gajos de una naranja, así como hojas de palmeras, conchas y templos mayas. Otras historias afirman que lo que realmente quiso representar fueron las velas de un barco y, estos elementos le sirvieron como inspiración para la creación de las cúpulas.

Fuera como fuese, logró una armonía geométrica difícil de conseguir, al tiempo que la acústica del interior hacía que los conciertos dentro de la misma fueran espectaculares.

A pesar de lo que hoy nos pueda perecer, en su momento, en las obras no faltaron dificultades. El propósito comenzó a encarecerse más de lo esperado, se paralizó en alguna ocasión y estuvo a punto de darse por finalizado sin terminar. El arquitecto fue despedido, terminándose la construcción sin él.

Tras 15 años, en 1973 el proyecto quedo terminado y, el gobierno australiano tuvo la amabilidad de cederle los honores del diseño al arquitecto.

Pero piensen ¿Qué sería hoy de Sydney sin la Ópera, su edificio más significativo?



Día 2: Escrito por Cristina Sánchez

Día 3: DEJA-VU.

6:42 am. Suena el despertador.
6:43 am. Saco el brazo de la cama para apagar ese chisme odioso que me despertó.
6:44 am. Ufff, hace demasiado frío. Posponer alarma, media vuelta.
...
6:54 am Vuelve a sonar Standby en el móvil.
6:56 am Me levanto.
6:59 am. Abro el grifo del agua caliente de la ducha. Esta helada.
7:20 am. Pelea matutina con la cafetera
7:40 am. Miro el reloj ¡¡¡Mierda!!! Voy tarde (como todos los días).
7:41am. Toco la puerta de mi flamante japonés. Todavía se esta calzando.
7:44am. Salimos y cerramos la puerta de la casa. Echamos a correr
7:46am. Llegamos a la estación
7:47am Llega el tren.

Como todos los días, subimos al vagón número cinco. A veces, tus moviéndoos resultan tan predecibles, que da la sensación de ser un simple deja-vu.

Aunque piensas que llegas tarde, sabes que llegarás al andén un minuto antes que el cercanías. También conoces lo que te encontrarás allí dentro. Puedes predecir que el paquistaní se apoyará junto a la puerta de entrada, en la segunda estación, bostezará, y, se quedará dormido, de pie. También sabes que el treintañero sentado a tu derecha, aunque esta profundamente dormido, no se pasará su parada. Una mano cálida y gentil, la su madre, recostada a su derecha, le despertará en el último momento con una suave caricia.

Sabes que dos hombres de negocios subirán en la cuarta estación, que los chicos del instituto compartirán todo el trayecto contigo y que el japonés que te acompaña te guiará hasta la salida correcta de la estación. Porque tú, la has vuelto a olvidar.

Y, si algo de esto no pasara, te sorprenderías.
Es divertido ver como la gente corre, sigue con sus vidas ajetreadas, mientra tu, un simple turista camuflado entre la multitud, se pasea hasta la escuela, pasando desapercibido, siendo uno más de esta gran colonia.

Como todos los días, las clases terminaron puntuales, a las 2:50. Lo cual nos permitió disfrutar de un bonito paseo por la ciudad. Sin embargo, hoy pensábamos hacer algo diferente. Visitar el jardín botánico de Sydney, un reducto natural en medio de tan inmensa ciudad cosmopolita.

Podríamos decir que el Royal Botanic Garden es un reflejo de la sociedad australiana. Establecido en 1816, actualmente cuenta con 30 hectáreas donde habitan más de 9000 especies diferentes procedentes, como la población de esta ciudad, de los más recónditos lugares del planeta.

Eucaliptos centenarios, Ficus de alturas insospechadas, Euphobias de colores y otras muchas especies que apenas alcanzamos a imaginar se emplazan en un único parque con vistas a la Opera House, Harbour Bridge y a la propia ciudad.
Quizás una de las imágenes más bellas de Sydney, puede ser contemplar un atardecer desde este bosque artificial, viendo como el Sol desciende lentamente entre la los símbolos más importantes de esta urbe australiana. Al mismo tiempo, mientras la luz natural se apaga, los neones se encienden, creando una atmósfera mágica difícil de superar.

Día 3: Escrito por Cristina Sánchez desde Sydney (Australia )

Búsquedas: Sydney, Opera, jardín Botánico, Australia, Melbourne, turismo en Australia.




4 – ENCUENTRA TU PLAYA


Muchas veces nos llama la atención cuando, viajando a algún país lejano, los extranjeros nos reconocen, y nos fichan como españoles. No es de extrañar, porque cada país tiene su cultura única, diferente, que los distingue del resto del mundo.

Hablemos de los australianos, por ejemplo.
Bueno, aunque, realmente ¿alguien ha conocido alguna vez a un australiano? (Si alguien os dice que si es mentira)

Porque como creo que ya dije en alguna ocasión, el australiano nativo es como las meigas. Haberlos hailos, pero no existen. Aquí, culturas asiáticas y sudamericanas se mezclan con los locales de la zona, creando un ambiente cosmopolita y multinacional envidiable por el resto de países. Esto si que es un buen ejemplo de integración donde uno puede sentirse realmente como simple ciudadano de un mundo sin fronteras.

Pero, dejando el lado filosófico del asunto, creo que la personalidad de los habitantes de Sydney puede describirse a partir de sus playas. En mi modesta opinión, creo que los Sydneysiders son una gentecilla muy ordenada, con una mente bastante estructurada. Por eso tienen una playa para cada ocasión.

Pongamos varios ejemplos:

Supongamos que una feliz familia desea pasar una agradable jornada en el mar. Entonces deben ir a Cogee beach. Apartada del ajetreo, es el destino idóneo para el disfrute de los más peques. Además cuenta con varias barbacoas eléctricas y mesas de pic-nic a disposición gratuita de todos los usuarios. Tu solamente debes encargarte de traer tu propia Cangaroo meat.

Para los más intrépidos, existe un sendero que comunica Cogee beach con Bondi beach, paraíso de surferos, hippies y turistas. Esta bahía es una de las más famosas de Sydney por las escuelas de surf que en ella se emplazan. También acoge The wind festival, el encuentro de cometas más importante de Australia, un juego de colores único en el mundo.



Además, durante este trayecto a pie encontrará impresionantes acantilados, los paraísos de buceo de de Clovelly, así como la bahía de Gordon. Un espectáculo para los sentidos que les recomiendo no perderse.

Otra de las nirvanas preferidas por los locales es Manly beach. Queda un poco apartada del resto, pues es necesario coger un ferry para llegar hasta ella, pero es una de las más grandes de la capital.

Aunque, comparada con algunas andaluzas pueda parecer pequeña, lo cierto es que merece la pena perderse entre sus arenas. Lo mejor quizás de la misma, es que se comunica con otras bahías como la pequeña Selly. También se puede completar el paseo y acercarnos hasta el parque nacional natural que se encuentra tan solo a una hora y poco de distancia.

Pero, si lo suyo son las compras, no se preocupen, Mainly está rodeada de pequeñas tiendecitas de souvenirs, algún que otro supermercado y, como no, restaurantes donde degustar el fish and chips al estilo australiano.

Sin embargo, lo mejor de Mainly, es la vuelta a la ciudad. Yo les recomiendo encarecidamente que cojan el ferry al atardecer, pues, el paisaje de entrada a Circular Quay, con las gaviotas sobrevolando el mar, junto al barco, mientras el sol se pone junto al Harbour Bridge y la Opera House no tiene precio. Es algo que no deben perderse.

Sean cuales sean sus gustos, tanto si deciden simplemente tomar un baño, hacer surf, disfrutar de la gastronomía con una buena barbacoa o, dar un paseo, en Sydney, habrá una playa hecha a su medida, fiel reflejo de su personalidad. Lo único que tiene que hacer es venir a encontrarla.

Cristina Sánchez desde Sydney (Australia)




Viaje a Melbourne, la NY Australiana.



                       


Quien iba a pensar que el peor aeropuerto que jamás visité no estaría en Sudamérica o en Marruecos, sino en Australia.

Si, el aeropuerto de Melbourne se ha ganado una mención de honor. En medio de la nada se alza una nave cuya entrada/salida no es sino una puerta giratoria y los baños meras casetas de obra.

Esta es la primera impresión que uno se lleva nada más llegar a Melbourne. Pero, ¿qué se puede esperar viajando con una compañía llamada Tiger Airways cuyo emblema, como no es un tigre cutre y que no puede volar cuando hay una miaja de tormenta?





Una cosa hay que admitirla, se agradece no tener que pasar tantos controles ni aduana. Menuda gozada.

Para ir al centro de la ciudad desde el aeropuerto hay dos opciones. La más fácil es alquilar uno de los números taxis ávidos de turistas.

La más económica es caminar un poquito hasta encontrar el skybus que te  lleve hacia Central Station, junto al estadio Ethihad. La ida son 17$ mientras que ida y vuelta cuesta unos 28$ (y tienes un plazo de 6 meses para gastar tu vuelta, lo cual esta muy bien).

Una vez allí, decidimos continuar andando hasta nuestro alojamiento. Conforme avanzábamos, veíamos como las estrellas de los hoteles iban disminuyendo, hasta que, poco a poco éstos fueron sustituidos por las pensiones.

Pero, una pensión era algo demasiado lujoso para nosotros. Queríamos, por decirlo de alguna manera, algo más rústico, así que elegimos el Backpacker All Nations, emplazado, eso si, pleno centro de la city.

Pero, ¿Qué es eso de un backpacker? Uff, pues es algo difícil de explicar. Podríamos decir que es una mezcla entre albergue y residencia, algo parecido a un “hostel”. En él tienes la posibilidad de compartir habitación con 10 personas más, y colchón con chinches, además de hacer amigos en la sala común.

La verdad es que cuando entré en esta "piojera" aluciné. Aquello era lo más parecido al bar de la “Guerra de las Galaxias”. En el se juntan jóvenes mochileros con trabajadores europeos y algunos talluditos que no estaban muy bien de la pinza. Aquí, igual que te invitan a comer pizza, pueden ofrecerte el" trabajo de tu vida". La clave para sobrevivir es muy sencilla: Sonríe y asiente.

El All NAtions, como todo hostal que se precie escondía un secreto, un misterio no apto para cualquier personaje que nos tenía muy, muy, muy intrigados. Era algo raro, raro, raro.

De repente, la gente, sin mediar palabra se levantaba de la sala común, iba a recepción y pedía algo.

Pero no cualquier cosa, no. Pedían a EXCALIBUR

Y, ¿Qué obtenían a cambio?

Un palo de cricket

Pero, para qué quería la gente un palo de cricket si ese hotel no tenía campo de cricket (no había sabanas limpias como para tener campo de cricket). En fin, crazy people, pensamos. Pero no, tenía un sentido que no descubrimos hasta el último día.

Pegado al extremo de Excalibur había una tarjeta que abría la puerta de la sala de consigna, donde la gentecilla dejaba alegremente sus maletas. Excalibur era la llave para entrar a la guarida del dragón, donde todos los mochileros guardaban su bien más preciado, la mochila y el pasaporte.

De esta guisa sobrevivimos a la primera noche... 

 A las 6:00 am sonó la melodía, de un móvil. A las 6:05 se 
escuchó otro timbre distinto. A las 6:10 volvió a tocar una alarma. A las 6:15 cuando absolutamente toda la habitación se estaba acordando de nuestras familias, definimos levantar el campamento.

Con un café del seven eleven (el de 1$) por breakfast (hay que ahorrar) marchamos hacia Elisabeth market. Se trata de un mercado situado en el corazón de la ciudad. En se pueden encontrar desde todo tipo de souvenirs y ropajes hasta frutas, verduras, carne, queso, y otras delicatessen culinarias. Por ello en sus entrañas se mezclan los locales que hacen sus compras diarias con los despistados turistas que vagan por el rastro a la caza del souvenir más barato.

Una vez llenada la mochila con las provisiones necesarias para tan arduo día, reemprendimos la marcha hacia el parque Flasstaff Gardens,. Siendo el más antiguo de la ciudad, alberga dos monumentos: a los caídos en la primera y segunda GM. 

El primero consiste en una estatua junto a una llama siempre encendida (si, en Melbourne están obsesionados con el fuego). La segunda ya es algo más sofisticada. Es una construcción tipo mausoleo. La entrada a la misma es gratuita (bueno, hay una cajita para las tips) e incluye, además de la visita a algún que otro sepulcro, la salida a una terraza desde la cual hay unas vistas fabulosas de toda la ciudad. 


Para comprobar que Melbourne es una de las ciudades más verdes de Australia, nos dirigimos a visitar otro parque, los jardines botánicos.


 El concepto australiano de jardín botánico es poquito diferente del español. Porque, ¿qué entendemos nosotros por jardín botánico? Pues, un recinto cerrado, donde COBRAN entrada y hay muchos árboles de muchos países. Además generalmente suelen tener  una zona climatizada y cerrada con especies tropicales.

Aquí, un jardín botánico es un parquecillo abierto y gratuito donde puedes ver especies de gran antigüedad. Como lo llaman los australianos, es un museo de árboles. También hay algunas plantillas tropicales pero están como el resto, al aire libre (esto tiene lógica, porque si el propio australiano no tiene siquiera calefacción en su casa, no se la va a poner a las plantas. ¡Pero que derroche sería ese! Nada, aquí persona, animal o cosa que quiera vivir tiene que adaptarse al clima, que son esas tonterías de calefactores, eso es para los europeos, que son unos moñas)

Vagando entre sus caminos no es difícil encontrarse con el gran  lago que ocupa una vasta superficie de su territorio. En sus aguas parece fluir una magia especial que hace realidad cosas imposibles como permitir que los patos anden sobre las aguas, o que el patito feo se transforme en un majestuoso cisne negro.

Si giramos un poquito la cabeza en este maravilloso lugar 
se, observa nuestro próximo destino: el parque olímpico, un conjunto de estadios impresionantes. Antes de mirar el mapa, recomiendo hacer un test muy tonto para demostrar nuestros conocimientos deportivos. La prueba consiste en intentar averiguar que estadio corresponde a cada deporte. 


Parece sencillo paro a que nunca hubieran pensado que el más grande de todos, con forma redonda no es de rugby o fútbol, sino de cricket (aquí mueve pasiones).  Todo este complejo se puede visitar y, además, los más afortunados podrán ver gratis un entrenamiento de rugby sólo con sentarse en la hierba del campo.

Desde la salida de Botánic Cardenal se puede coger el transporte gratuito.

Si si, gratuito, it's free. 

Melbourne cuenta con un autobús y un tranvía de recorrido circular. Ambos son gratuitos y están a disposición de todos los turistas. El autobús se llama suttle bus, es de color rojo y sus paradas se distinguen muy bien pues están formadas por un cartel redondo donde pone free bus. Tiene una frecuencia de 30 min

Por su parte el tranvía es un vehiculo con encanto (vamos, viejecillo pero bonito) que suele compartir parada con el 75 (ojo, este último no es gratis). Tiene una frecuencia de 15 minutos y se distingue bastante bien sobre todo porque a diferencia del resto solo tiene un foco en lugar de dos.

En ambos, a parte de pararte en los sitios más 
significativos, te ponen un cassette donde un tipejo te va explicando los edificios más emblemático de la ciudad en un australiano indescifrable. 

Gracias a este transporte llegamos sin esfuerzo a nuestra siguiente parada, el parlamento. Localizado en Spring street, al este de la ciudad, este edificio ha sido la sede del parlamente de Victoria desde 1855.

En 1851, incluso antes de que este estado tuviera pleno derecho parlamentario, el gobernador de la ciudad, un visionario, decidió sacar a concurso la construcción de este emblemático monumento.

De esta manera, la fusión de las ideas de los arquitecto Pastel y Kerr dieron lugar a este edificio de estilo romano renacentista (Roman Revival que llaman aquí). Una vez en pleno centro decidimos comenzar la caza de los graffitis. Una gymkana por todas las calles de la ciudad en busca de las pinturas más emblemáticas. Batman, AC-DC. Y demás retratos callejeros que parecían querer tomarnos el pelo. 

Escondidos en las callejuelas más teóricas pueden pasar 
fácilmente desapercibidos. Porque no os penséis que cada calle esta dedicada a un Tema. No allí pinturas de todo tipo se mezclan y superponen creando ese collage de graffitis por, el cual es tan conocida Melbourne. Si queréis, mi más sincera opinión. Lo esperaba bastante más espectacular.


Aunque algunos dibujos parecen hechos por auténticos genios del spray, la anarquía reinante desmerece bastante el resultado global.



Si deseas conocer más acerca de esta ciudad, mis impresiones sobre ella y mi promesa por volver a ella visita el siguiente enlace: http://la-iguana-juana.blogspot.com.es/2015/02/sidney-una-promesa-cumplida.html

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