ASCENSIÓN AL POSETS






Debido a las adversas condiciones meteorológicas que avecinaban grandes tormentas, y las dificultades que conlleva la ruta del Aneto, la Iguana Juana, aunque no quería la muy cabezota de ella, tras muchas horas de esfuerzo, ha dado su brazo a torcer aceptando un nuevo desafío: La ASCENSIÓN AL POSETS, el segundo pico más alto del Pirineo con 3.375 m de altura, que tampoco es moco de pavo…



La aventura comenzó un viernes por la tarde. Empezamos sudando la gota gorda. Sacos, comida, tienda y Santiaguiño debían entrar en dos mochilas, porque la Iguana Juana no iba a ir cargada, eso era para la plebe. Y, lo más difícil, había que conseguirlo sin espachurrar el pan Bimbo. Uff fue una tarea ardua, pero lo logramos. De esta guisa partimos en dirección valle de Benasque hasta el bello pueblo de Eriste.



La Iguana Juana se sorprendió ante la gran cantidad de personas y vehículos que allí se congregaban. ¿Estarían esperándola a ella?...

Pues no. Se celebrara el gran Trail del Aneto, carreras de montaña de autosuficiencia solo accesibles para unos pocos elegidos, a los cuales queremos desde aquí mostrar todos nuestros respetos. Enhorabuena a todos esos participantes, generalmente nunca reconocidos que conseguís dejarnos con la boca abierta.



Una vez allí, debatimos entre dos opciones: iniciar la subida al refugio o dormir en Eriste ese día. Para evitar que nos pillara la noche, decimos dar una vuelta por Benasque, visitar las tiendas de deportes, disfrutar del ambiente que reinaba y del encanto de este pueblo montañés de callejuelas estrechas, casas de piedra y restaurantes como Las Arcadas.

Tras ello, pusimos rumbo al parking de la cascada la Espigantosa, con el fin de acercarnos un poco más al inicio de nuestro reto.

Arduas subidas en primera por una carretera bacheada nos condujeron a lo que podríamos llamar un aparcamiento de 5 estrellas.

Una vez arriba, como la noche, ya echada, no podía cogernos, decidimos pillarla nosotros a ella. Mochilas al hombro, frontales encendidos, a las 22:00 comenzó nuestro ascenso con destino el refugio Ángel Orús.


Después de una hora caminando, percibimos como la luz empezaba a expirar. ¿Qué ocurría? ¿Era posible que las nubes taparan todavía más a la Luna?

No. ¡Eran los frontales! Sus pilas comenzaban a escasear y casualmente la lluvia hizo acto de presencia.

Por eso, buscamos un sitio donde colocar nuestra tienda para pasar la noche. Mañana sería otro día.

Con las primeras luces del alba, a las 6:00 am los primeros excursionistas pasaron a nuestro lado. La Iguana Juana, perezosa no les hizo caso. Media vuelta y 5 minutos más, dijo entre bostezos.

Tras sacarla del saco y amenazarla con cargar con Santiaguiño, la Iguana, salió de la tienda, todavía medio adormilada, para reemprender la marcha.


Continuamos por un sendero, caminando entre abetos de un bosque encantado.
Musgos y helechos cobijan a las luciérnagas que anoche alumbraban nuestra marcha. Numerosos regueros de agua trasparente fluyen debajo de nuestras botas, entre redondeados guijarros.
El ruido del chapoteo marca el ritmo de nuestra subida, y los latidos del corazón, parecen aumentar en consonancia. De vez en cuando, el habitual sonido del río incrementa su cadencia, anunciando la proximidad de una cascada, preludio de una fuerte cuesta.

Cuentan las leyendas, que escondidos entre el follaje de los árboles, en esta parte del Pirineo, viven unos pequeños gamusinos, bastante chispoletos y juguetones, que tienen por costumbre desplazar los destinos de todos aquellos montañeros que osan adentrarse en sus territorios.

Dicho de otra forma: El refugio de Ángel Orús parecía no llegar nunca. La cuesta se hacía interminable, infinita, eterna. Cuando de la nada, aparece esquivo, entre las copas de los últimos árboles, la silueta esperanzadora de este albergue.




La Iguana Juana dio un bote de alegría, asustándonos a todos. Según había escuchado en la subida, este tramo era el más duro de todos. Que equivocada estaba…



El refugio Ángel Orús está situado sobre una terraza del valle del Forcau, a 2.148 m de altura. Construido a partir del antiguo refugio del mismo nombre, actualmente es uno de los albergues de montaña mejor valorados por sus visitantes. Cuenta con todas las comodidades propias de este tipo de edificios y, lo más importante, ofrece revitalizantes duchas gratis de agua natural pirenaica (vamos directa del ibón) a todos los excursionistas malolientes, como nosotros.

Tras este breve descanso, recolocamos a Santiaguiño para reemprender la marcha.


Dirección NW, tomamos un camino que destaca entre las herbáceas del lugar, siendo nuestra guía las marcas rojas y blancas del GR-11.2.  La ruta comienza con una ligera subidita para ir calentando cuádriceps.

Tras media hora de caminata, el sendero se bifurca. Un poste de madera nos indicará el camino correcto: dirección collado de Eriste (hacia la izquierda).



Si no nos hemos equivocado, pronto escucharemos el run run del río Llardaneta. Deberemos cruzarlo por un maltrecho puente de hierro.






Jo con los de montañas seguras, ya podían arreglarlo. Mucho preguntar por el botiquín, pero a mi me da más miedo cruzarlo que olvidarme el Betadine” - Y es que nuestra Iguana, es de ciudad y un poco caguicas.

Intrépidos viajeros, presten atención al paisaje, pues, pequeñas y escurridizas marmotas toman el sol en las piedras junto al río. Con un poco de suerte, si no hacen mucho ruido, estos antojadizos animalillos pueden hasta dejarse fotografiar. Eso si, sin flash.



Poco a poco la vegetación va desapareciendo, siendo sustituida por enormes moles de piedra que sortearemos en nuestro camino.



Al fondo ya vislumbramos la Canal Fonda, un congosto formado por una lengua del glaciar. Para atravesarlo, es necesario caminar sobre la nieve helada. Las pisadas de compañeros anteriores, hacen que no sea imprescindible usar crampones, puesto que pueden utilizarse como puntos de apoyo en nuestra marcha. Eso si, ni esto le evito a la Iguana Juana algún resbalón que otro. Es que, claro, estas huellas, están pensadas para gente alta, y sus cortas patitas no alcanzaban de un peldaño a otro. Esto evidencia que la nieve no es su medio natural.




Tras el primer nevero, aparece un segundo de mayor pendiente. En este caso, es posible bordearlo por una senda que discurre en zigzag a su izquierda.



Cuando ya parece que se acaba la nieve, surge un tercer y ultimo manto helado. En este caso, la mejor opción es bordearlo por la derecha para encaminarnos hacia el collado. Veréis en lo alto un pico que parece nuestro destino. Pero no, tranquilos, el Posets no os defraudará. No es eso que observáis. Todavía falta más de una hora de camino.

Pasado este punto, aparecen las primeras rampas de verdad. Aquí termina vuestro calentamiento. Las subidas alcanzarán del 40% al 60% a partir de este momento. Asi que, coged aire, tomad una barrita y, como se dice en Aragón, china, chano.

De esta guisa pasareis otro collado, el que parece el Posets, pero que no es el Posets, hareis fáciles equilibrios por una arista, para finalmente llegar al punto geodésico que indica la cumbre de la Tuca Lardana, más conocido como Posets, segundo pico más alto del Pirineo.

Alcanzado nuestro objetivo, tras la foto oficial, solamente perdemos unos instantes para contemplar el paisaje. Bajo las nubes negras amenazadoras de lluvia, se divisa al este, el valle de los Ibones (ibón negro, de herradura y de Grist entre otros). Al oeste, se hace visible el Diente de Llardana. Al sur, todo el camino realizado, y que ahora deberemos descender. Todo ello, rodeado de otros 3000, pues en esta zona se concentran algunas de las montañas más altas de todo el macizo.



 Santiaguiño, en su último deseo, salió de la mochila para contemplar este insólito paisaje. Fueron unos breves momentos de libertad antes de reemprender su camino hacia el cadalso.

Tras un descenso precipitado, huyendo de la tormenta que parecía formarse sobre nuestras cabezas, en una hora regresamos al arroyo Llardaneta, procedente del ibón del mismo nombre. Aquí Santiaguiño, vio la luz del día por última vez. En primer lugar, como si se tratara de un ritual pagano, se le colocaron sobre su cabellera, dos velas. Un uno y un nueve. Símbolo del 19 cumpleaños de la Monaguilla. Terminado el cumpleaños feliz, la Iguana Juana, con cara de sádica, sacó el cuchillo asesino. Con un suave corte, perforó su corteza. En un movimiento certero, un tajo limpio, la primera raja del melón Santiaguiño acabó en las manos de la cumpleañera, que hizo la primera cata.



 “Ummm, riquísimo. Ha cogido un excelente bouquet en la cima del Posets. Pero no vuelvo a cargar con otro melón en mi vida. El próximo le toca a la Iguana.”



Ahora os preguntares, el porqué de este rito extraño.

Hace algunos años, cuando comenzamos nuestras andadas entre estas montañas mágicas, subiendo a la cima de Monte Perdido, unos montañeros algo chiflados, en cuyas venas, posiblemente, todavía circulaba algo de alcohol de la noche anterior, cargaban con un melón, que comieron en la cumbre.

Este hecho, se nos quedó gravado en la memoria. Tiempo después, decidimos que sería una tradición que deberíamos cumplir cada vez que coronáramos un 3.000 para dar gracias a la naturaleza por haberlo hecho posible.

Sin nada más interesante que reseñar, nos despedimos hasta la próxima aventura.

Esta vez Alicita se quedó en tierra, pero espera con impaciencia nuestra próxima subida.

Foto de Eriste a la mañana siguiente 


Coronel Badanas y la monaguilla

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