VIAJES: Desde Vancouver

Monólogos 2: Laundry    (La lavadora)

Hoy he viajado a una nueva dimensión. Un planeta totalmente desconocido para nosotros. Si, estoy hablando del cuarto de la lavadora.

Y, sinceramente, me he sentido tonta, muy tonta. Porque, por si no lo sabíais es necesario haber estudiado ingeniería para poder poner aquí una lavadora. No es broma.

Primero, tú llegas tan feliz, con tu ropa toda mezclada y empiezas a hacer montoncitos. Cuando ya has terminado de separar los colorines como tu madre te enseñó, de repente te das cuenta de que tienes una camisa blanca, dos camisetas negras, tres pantalones vaqueros, unos de colorines que destiñen y dos camisetas de colores. ¿Qué hacemos con todo este remix de prendas? Porque muchas veces nos quejamos de que ponemos muchas lavadoras en casa, pero eso es porque tenemos ropa para llenarlas. Pero aquí ¿Como vas a poner una lavadora con 2 camisetas? Pero, lavarlo a mano tampoco es una solución.

Por ello, tras analizar los pros y los contras y teniendo en cuenta el gasto de energía y gel de ducha que te supondrá lavarlo a mano, decides, volver a juntar los montoncitos esos tan monos que habías hecho, meterlos todos juntos a ese “parato” nuclear y rezar a Dios, Alá, Buda, Zeus, Michael Jackson y demás para que, por favor, no destiña nada.

Así, en tu cabeza empiezas a orar (que no destiña, que no destiña) y a hacer promesas (si no destiñe, iré el domingo a misa con mi family), a intentar calmar tu conciencia y auto engañarte (bueno, si, total, la ropa esta era muy vieja (aunque haya camisetas que tengas menos de un año), y tampoco me gusta tanto. Quizás mañana vaya de compras si destiñe y encuentre alguna ganga (ja, ja, eso no te lo crees ni tú)), o empiezas a hablar con la ropa, intentando engañarla, (si no destiñes, te prometo que no te meto en la secadora).

Mientras tanto, vas mirando la lavadora y llegas a una conclusión, que eso tiene más botones que una nave espacial. Y piensas, bien por donde empiezo. Donde esta el “On”?

Cuando por fin lo encuentras, prietas, y ahora viene lo mejor ¿Qué programa elijo? ¿Temperatura? ¿Velocidad de centrifugado? ¿Detergente?

Todo esto en inglés, claro está. Al final vas a lo seguro. Temperatura, pues cold (Fría, por si las moscas, que ya bastante me la juego mezclando colores), programa pues normal (que es el que conozco de toda la vida, y el resto no se ni que significan), velocidad de centrifugado (y yo que se. Venga, me lo juego a speed (rápida) que la mujer me dijo que así se secaba antes la ropa).
Y ahora viene lo mejor, el detergente. Porque aquí no es como en España que tenemos un detergente y se usa pa’ to, no, no, aquí hay cuatro o cinco tipos de detergentes, igual que de cereales, tantos que no sabes cual elegir. ¿El de ropa oscura? No porque hay colores ¿el de colores? no porque hay ropa oscura ¿el de ropa blanca? No porque hay negra y de color ¿Con lejia? NOOOOOOOOO, que la liamos parda. Así que, entre semejante variedad, que eso parece el Mercadona, encuentras uno que no especifica el tipo de ropa para el que va dirigido. Así que, eliges ese.

Bueno, una vez hecho esto, le damos a start y c’est fini.
NOOOO, qué va. La lavadora empieza a auto chequearse. Comprando que la puerta este cerrada... Comprobado; comprobando la cantidad de detergente... Comprobado (porque si te pasas de dosis te lo dice y todo). Vamos, que le falta la seta o el botón de pánico para ser una verdadera nave espacial.

En fin, tras media hora para poner la lavadora, el cacharro empieza a funcionar y, en 50 minutos tienes la ropa limpia y seca. Si, porque no se para que la gente usa la secadora, si este cachivache infernal te seca también la ropa. Sale como si no hubiera tocado el agua. SI no fuera porque está fría y porque he visto a la lavadora dar vueltas pensaría que he hecho algo mal.

Bueno, afortunadamente, todo ha salido bien. No se han mezclado colores. Lo negro todavía es negro y lo de color de color. No hemos tenido que lamentar ninguna pérdida. Ya mañana supongo que todo estará listo para pasar por la plancha, porque ya está casi seco. Esto os digo yo que no es obra del ser humano, sino del demonio.
La parte buena de la historia es: que ahora ya no de hace falta usar la secadora. Porque, sinceramente, a estas horas de la noche, creo que no sería capaz de enfrentarme a otro artilugio similar...
Buenas noches y muchos besos a todos..

Cristina Sánchez

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