HISTORIA: Alejando Magno.





En la primavera del 323 AC, Alejandro Magno gobernaba un imperio que se extendía desde el Danubio hasta los nevados picos del Himalaya. 


Durante esta época, visitando la capital de su imperio, la maravillosa Babilonia, y paseando por los pantanos próximos a la ciudad, con la idea  de mejorar el sistema de canales que transportaban el agua a la metrópoli, una horda de mosquitos ataco al hasta ahora, invencible conquistador.

Durante la semana siguiente, ajeno a la desdicha que acababa de sufrir, ultimaba los preparativos para zarpar con una flota de mil barcos. Al caer la noche, un terrible dolor punzante en la espina dorsal y las articulaciones le hicieron desmayarse. Pobre Alejandro. La fiebre era cada vez más intensa, aunque por el día remitía y podía ir al baño.

El rey de Macedonia, ganador en batallas a griegos, a persas, a egipcios y por fin a indios, se veía ahora, a las puertas de la muerte. Reunió ante su lecho a sus principales capitanes, y con la voz en un suspiro, levanto un ojo, inclino la cabeza con un gesto hacia su hombro derecho, y pidió, con un susurro, que su cuerpo fuera trasladado ante el dios Amón en Egipto.



Su segundo, su comandante, viéndole en tal mal estado dijo: Dame algoooo. Y Alejandro, colmado de pena, por ver a su amigo por última vez, aquel al que le había birlado la novia cuando era joven, movió su mano derecha  lentamente, muy lentamente, debido a las pocas fuerzas que le quedaban, y se desprendió, en su dedo anular, del anillo de poder. 

 Ahora, en su dedo, solo quedaba la marca blanca que el aro había impedido tomar el sol.

Los compañeros del comandante viendo síntomas de flaqueza, preguntaron: ¿y ahora, amado rey, a quien legas tu reino? El Magnifico tubo una visión y percibió unos grandes juegos funerarios en su honor, con un enorme busto que remarcara su belleza en el centro de un gran estadio. 

Y  respondió a duras penas: “Joderos, al más fuerte”. Todos se quedaron mudos, paralizados como piedras, hasta que Pericas, el del anillo, haciendo la pelota, indago: Mi rey, amado mío, como servidor suyo, ¿cuando quiere que se le ofrezcan estos honores divinos?.

El calor era agobiante y ningún soplo de aire fresco entraba por las puertas de la tienda. Los altos cargos del ejército, sus compinches de juergas, los compañeros de bacanales y los sirvientes allí presentes,  acercaron sus oídos al rostro del moribundo: “Cuando seáis felices”. Estas fueron las últimas palabras del rey.

Durante los años siguientes, el ejercito macedonio, se enfrento a numerosas disputas y batallas entre los hombres montados a caballo, caballería, y los de a pie, infantería, que acabo con los líderes de la tropa de milicia derrocados en el centro de la  avenida principal y pisoteados por elefantes de guerra durante el  desfile de la victoria. 

La madre de Alejandro, en Olimpia, reclamaba el cadáver de su hijo, mientras, Pericas, ideaba un plan para cumplir con su juramento que hizo en el borde de la cama del desahuciado, mas que nada, porque el anillo cada vez le apretaba mas, ya había pasado el tiempo, y se clavaba en la carne como una maldición hasta que consumara su compromiso.

Construyó un catafalco, un magnifico carruaje funerario, del tamaño y lujo del excelso conquistador. Su construcción tardo casi un año en estar lista, dada la profusión de ornamentos, bajorrelieves  y alusiones a sus conquistas.

     Y mientras tanto ideaba un plan…un plan sinuoso, inteligente y astuto…

          Y mientras tanto el anillo seguía horadando su dedo…




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